Gabriel Miró Ferrer
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Nació en Alicante el 28 de Julio de 1879. Estudió entre 1887 y 1892 como alumno interno de los jesuitas del Colegio de Santo Domingo en Orihuela, donde le concedieron su primer premio literario con un trabajo de redacción escolar titulado Un día de campo. En Orihuela enfermó de reúma en la rodilla izquierda y pasó largo tiempo en la enfermería. Su delicado estado de saludo motivo a sus padres a trasladarlo al Instituto de Alicante y posteriormente marcharon a Ciudad Real.
En Octubre de 1895 empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Valencia y se licenció en 1900 en la Universidad de Granada. Después de fracasar en dos convocatorias de oposiciones a la Judicatura, ocupó cargos modestos en el Ayuntamiento de Alicante y en su Diputación provincial. Vivió en el barrio de Benalúa.
En 1908 ganó el primer premio de novela organizado por El Cuento Semana, adquiriendo rápidamente gran fama de narrador y estilista, ese mismo año le dan un homenaje varios escritores, entre los que destaca Pío Baroja. Colabora en muchos diarios y revistas españolas y americanas.
Fuente: Videos El Palmeral
En 1911 le nombraron cronista de su ciudad natal. Desde 1914 anduvo empleado en la Diputación de Barcelona, donde se traslada a vivir. Allí dirigió una Enciclopedia Sagrada para la editorial catalana Vecchi & Ramos, proyecto que no se llegó a concluir. Entre 1914 y 1920 colaboró en la prensa barcelonesa: Diario de Barcelona, La Vanguardia y La Publicidad. Se trasladó a Madrid al ser nombrado en 1920 funcionario del Ministerio de Instrucción Pública y allí permaneció los últimos 10 años de su vida. La infancia y juventud de Gabriel Miró en un ambiente católico y tradicionalista moldearon profundamente a Gabriel Miró como hombre melancólico e introvertido; era un cristiano esencial y puro de sentimientos, pero su experiencia formativa con los jesuitas lo convirtió en anticlerical. Hombre sencillo, humilde y bondadoso, Gabriel Miró tuvo un temperamento hiperestésico, una sensibilidad exacerbada a colores, aromas, texturas y sonidos que refleja en sus obras, de tempo lento y moroso y carácter muy lírico y descriptivo; su estilo, muy elaborado, se halla esmaltado de palabras castizas, arcaísmos y sinestesias. Entre sus escasos amigos tuvo al compositor Óscar Esplá y al escritor José Martínez Ruiz, “Azorín”, que eran de su misma tierra.
Ricardo Gullón, ha calificado los relatos de Miró como novelas líricas. Son, por tanto, obras más atentas a la expresión de sentimientos y sensaciones que a contar sucesos, en las que predominan: la técnica del fragmentarismo, la utilización de la elipsis y la estructuración del relato en escenas dispersas, unidas a través de la reflexión y la rememoración.
La temporalidad constituye el tema esencial de la obra del autor alicantino, quien incorpora el pasado a un presente continuado, por medio de las sensaciones, la evocación y el recuerdo. Como, antes que él, hiciera Azorín.